Mi legado

Por: Francisco Pareja González

Siendo muy joven leí a Federico García Lorca, quizá el más grande poeta español. En su célebre Oda a Walt Whitman, uno de sus versos decía: “la vida no es ni buena, ni noble, ni sagrada”.

Esa frase me inquietó profundamente. Porque cuando uno es joven y mira el futuro con incertidumbre, espera encontrar certezas… no preguntas.

Nací lejos de Bogotá, en una tierra donde soñar con estudiar parecía un privilegio lejano. Vengo de una familia sencilla —nunca pobre—, porque la verdadera pobreza no está en lo que falta, sino en lo que se deja de intentar.

Crecí en la lucha diaria, como tantos colombianos. Y durante mucho tiempo, la educación fue para mí una puerta cerrada.

Pero insistí.

Me refugié en los estudios, y en medio de ese esfuerzo encontré una oportunidad. En aquellos años, Coltejer otorgaba un reconocimiento al mejor estudiante del país. Fui el elegido.

Esa oportunidad me llevó a la Universidad de los Andes. Y con ella entendí algo que marcaría mi vida para siempre:

cuando a alguien se le abre una puerta, tiene el deber de abrir muchas más.

Los años pasaron. Me formé como ingeniero mecánico e ingresé al SENA como instructor. Fueron años de aprendizaje y propósito, pero en el silencio de cada jornada siempre volvía a mí la imagen de aquel joven que caminaba por las calles de Neiva, preguntándose, con incertidumbre, qué sería de su futuro.

Hasta que entendí que era momento de actuar.

Tomé una decisión difícil: dejar la estabilidad.

Y me hice una promesa:

trabajar por los jóvenes que, como yo, alguna vez dudaron de su futuro.

Así nació, en la sala de mi casa, el Instituto Triángulo.

Comenzamos con mecanografía, ortografía y taquigrafía. Con el tiempo crecieron las aulas y también el impacto: miles de personas encontraron en la formación técnica una oportunidad digna.

El Instituto Triángulo dignificó el trabajo y devolvió valor a la formación.

Desde 1981, más de 270.000 colombianos han pasado por sus aulas.

Pero el sueño siguió creciendo.

Así nació la Fundación de Educación Superior San José, para brindar acceso a educación profesional de calidad a quienes más lo necesitaban.

El ciclo estaba completo: técnico, tecnólogo y profesional.

Más de 48.000 egresados hoy son prueba de ello: líderes, emprendedores y constructores de país.

Hoy, al mirar atrás, entiendo mi historia.

Ha sido un camino de esfuerzo, aprendizajes y convicción. Siempre creí que el respeto, la lealtad y el servicio son el verdadero camino.

Mi legado es haber abierto puertas.

Es haber permitido que miles de jóvenes transformaran su vida a través de la educación.

Es haber demostrado que sí es posible.

Ahora, la historia continúa en ustedes.

Mi legado es la empatía, el respeto y la responsabilidad. Una ética al servicio de los demás.

Para que cada estudiante que trabaja, y cada trabajador que estudia, tenga una oportunidad.

Este sueño comenzó hace más de cuarenta años.

Hoy es una meta cumplida.

Y me deja la profunda satisfacción del deber cumplido.

Francisco Pareja González

Fundador

Fundación de Educación Superior San José